16 ene. 2015

El club “Manantial” comenta “Mi vida querida” de Alice Munro





“Solemos decir que hay cosas que no se pueden perdonar, o que nunca podremos perdonarnos. Y sin embargo lo hacemos, lo hacemos a todas horas”.

La reunión del grupo se inició comparando la escritura de un cuento a la de una novela, la mayoría coincidió en que entrañaba mayor dificultad la escritura del cuento, alguien comentó que un amigo escritor solía decir: - el que no sabe escribir escribe novelas, los verdaderos escritores escriben cuentos- así nos enfrentamos al comentario de este puñado de cuentos de Munro, la autora canadiense a la que la mayoría de los expertos consideran comparable a Chejov por su maestría a la hora de elaborar un relato.
La primera persona en intervenir, Mari Carmen Casanova, defendió vehementemente a la autora, - Me ha encantado, es la vida normal y corriente y de pronto hay una especie de zambombazo en el relato que te agita- esta fue la primera opinión, pero casi la única en alabar los cuentos de Munro a los que la mayoría del grupo no llegaron, unos por no haber leído el libro, otros por no coincidir en gustos y temática, a pesar de ello se inició el debate y los pocos que habían disfrutado de esta lectura pusieron sobre la mesa los valores que habían descubierto.
-Así es un club de lectura- comentaba Mercedes, a unos les gusta el libro y a otros, no, eso es lo que nos enriquece.
Mari Carmen Casanova lanzó una pregunta al grupo a raíz de una temática que se repetía en varios cuentos, ¿Hasta qué punto se puede seguir siendo uno mismo cuando se tienen hijos?  Efectivamente en varios cuentos aparece la figura de la madre un tanto “negligente” y que más allá de su role de madre aspira a otras cosas. Mencionamos, entre otros, el primer cuento en el que una madre deja a su hija abandonada por unas horas para tener una aventura con un actor que acaba de conocer.
Comentamos también el de la niña que se ahoga- probablemente para llamar la atención- apunta Beli.
Mercedes señala que los libros de cuentos suelen tener una línea temática común y comenta otro tema que caracteriza a estos cuentos: el  de los recuerdos de la niñez, las lagunas, los hechos distorsionados y la percepción de recuerdos como en los sueños que es lo que da ese aire onírico a estos relatos.
Curro coincide en que efectivamente los recuerdos de la infancia no son reales y que cuando se ponen en común con padres, amigos y hermanos todos recuerdan los hechos de manera diferente.
Mª Elena confiesa que ha leído el libro entero esperando encontrar algún relato bueno, pero que no le ha gustado ninguno que la autora muestra la realidad de manera muy cruda y que a ella lo que le hace disfrutar son las historias felices, otra lectora comenta:
-          A mí no me ha gustado tampoco, no me producía buenas sensaciones, sin embargo no podía dejar de leer-.
Fabiola, que se ha reenganchado al club comentó el cuento “orgullo” cuyos protagonistas: un hombre y una mujer viven una historia de amistad o de amor, según se mire.
Curro comenta el cuento del tren, el del soldado que se tira del tren en marcha y se pasa veinte años en una casa que parecía ser un destino ocasional. Por cierto, también los trenes son otro elemento muy presente en estos cuentos.
Leemos los comentarios que Muñoz Molina hace sobre el libro en la contraportada, comentamos que es la primera vez que viajamos con un libro a Canadá, seguimos dándole vueltas a algunos personajes de estos relatos: la maestra en la escuela de tuberculosos, la niña que va con su madre al baile, la loca que vigila una casa, gente corriente que gracias a la mirada de la autora se vuelve extraordinaria.
Acabamos la reunión con la lectura de Beli, quien dedica unas hermosas palabras a nuestro cuaderno viajero.

La próxima cita el 4 de febrero, que por cierto será el 32 aniversario de la biblioteca, comentaremos ese día  “La Fontana de Oro” de Benito Pérez Galdós. 

Carmen Gómez

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