EL VERANO EN QUE MI MADRE TUVO LOS OJOS VERDES EN EL CLUB DE LECTURA MANANTIAL
El
pasado martes, 7 de abril, tuvo lugar nuestra reunión mensual para comentar
este libro.
A
la reunión acudimos la mitad del grupo. Sin embargo, tanto los que acudimos
como los que no, estuvimos de acuerdo en dos cosas: primera, a todos nos ha
gustado el libro y segunda, que estábamos ante una historia desgarradora de dos
personas marginadas: la madre como mujer y Aleksy como enfermo mental. Es
verdad que a algunos componentes del grupo les encantó y lo consideró como lo
mejor que había leído en mucho tiempo, mientras que a otros “sólo” nos gustó y
lo recomendaríamos.
Empecemos
por la estructura y el lenguaje del libro. Es una novela con capítulos muy
cortos, lo que hace que te animes a seguir leyendo. Algunos tan cortos que sólo
recogen una frase. Aunque son estos capítulos los que sugieren más que los
largos. La autora utiliza un lenguaje muy práctico pero a la misma vez muy
poético, jugando con el lenguaje a través de muchas metáforas.
Profundizando
ya en la novela, observamos que, a pesar de que hay varios personajes, los
principales son Aleksy y su madre. El relato comienza con un lenguaje muy duro
de Aleksy hacia su madre. Tanto es así que Isabel nos cuenta una anécdota de
una conocida suya que forma parte de un Club de Lectura de sanitarios y todos
dejaron este libro en las primeras páginas porque no podían soportar la dureza
de las palabras con las que el protagonista se refiere a su madre.
Los
principales temas de los que hablamos fueron los siguientes:
La
enfermedad mental de Aleksy. No todos consideramos que se tratara de una
enfermedad mental, sino que el protagonista utiliza la violencia como un medio
de defensa por el dolor que siente ante la muerte de su hermana Mika y por la
falta de cariño de sus padres.
La
muerte de la pequeña Mika hace que su madre se encierre durante siete meses en
su cuarto y no se preocupe por su otro hijo. En el capítulo 36 su madre, de la
que no conocemos su nombre, le pide perdón por “haberlo avergonzado tantos
años, por no haberlo querido y por haber pensado mucho más en Mika muerta que
en él vivo”. Todos estamos de acuerdo que la muerte de un hijo es un hecho muy
difícil de superar. Curro nos cuenta su propia experiencia personal: una
hermana suya falleció teniendo él 20 años y otro hermano pequeño sólo 8 años.
Recuerda que su madre no miraba a su hermano pequeño que era el que necesitaba
más cariño. Su madre estaba muy afectada, al igual que su padre, pero éste no
lo demostraba porque tenía que trabajar para cuidar a su familia y porque “los
hombre no lloran”. Fueron los hermanos los que arroparon al pequeño.
En
el caso de Aleksy tiene a su abuela que cierra temporalmente la tienda y se
ocupa de ellos, pero es una mujer práctica y no se muestra cariñosa con él.
El
cáncer terminal de la madre, que es el cauce de la reconciliación entre ambos:
es como un convenio que hacen los dos protagonistas para pasar el verano lo
mejor posible, esperando el fatal desenlace. Como la autora relata, el momento
en que la madre le da la noticia es revelador: “Tengo cáncer, Aleksy, un cáncer
maligno y rabioso, me dijo, y el día empezó a coagularse en ese mismo segundo”.
Así,
algo tan malo como es una enfermedad terminal, se convierte en una oportunidad
de perdón y en la posibilidad de pasar un tiempo feliz junto a una persona muy
importante en tu vida, aunque en alguna ocasión no te haya demostrado todo su
amor.
El
libro está escrito en primera persona como un ejercicio de terapia que su
psiquiatra le prescribe, puesto que, aunque es un pintor famoso, no deja de
estar atormentado y se ha convertido en una persona discapacitada y drogadicta,
que trata muy mal a sus empleados pero que nos dice que como tiene dinero se lo
consienten todo.
La
autora recoge todos los capítulos de una sola frase en un capítulo final. Esas
frases dicen cosas tan profundas como: “los ojos de mi madre eran cicatrices en
el rostro del verano” o “los ojos de mi madre lloraban hacia dentro”. Convierte
a los ojos de la madre en hilo conductor del relato.
Los
últimos días de la madre los describe con unos párrafos maravillosos, donde nos
dice que ella está en su estrella. Una estrella que le regaló un hombre llamado
Pavel, que tiene los ojos azules como él. Aleksy descubre los documentos de esa
estrella recogiendo las cosas de la madre fallecida. Él pensaba que muchas de
las cosas que su madre le contaba eran mentira, y en ese momento se da cuenta
que su madre siempre decía la verdad.
El
libro deja muchas cuestiones abiertas, pero aunque sus capítulos son muchos y
cortos, nos cuenta muchas cosas maravillosas, como ese viaje que hacen juntos
para que la madre pudiera conocer el mar. También el hecho de que los
personajes siempre fueran considerados extranjeros: En Gran Bretaña eran
considerados polacos, aunque habían nacido ambos allí y en Francia eran
considerados ingleses. Sin embargos, los vecinos de ese pequeño pueblo
terminaron por aceptarlos y considerarlos como
de los suyos.
Como
siempre la reunión terminó con la lectura del cuaderno viajero que en esta
ocasión le tocó a Carmeli que tuvo la sensibilidad de desgranar todas las
cuestiones del libro de una manera bellísima.
Se
terminó la reunión con la lectura de un poema de nuestra compañera Mª Carmen
Ayala dedicado a sus padres ya fallecidos.
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