11 may. 2016

Una biblioteca con duendes.

La familia Biblos en la planta baja de la biblioteca.

La puerta a la casa de los Biblos

Detalle de la familia Biblos


Fue en 1983 cuando la casa se habilitó como biblioteca, ya entonces era conocida por varios nombres, Huerta de Santa Ana, Recreo de los Aburre y Torrevalme. Se accedía a la misma a través de una gran cancela de hierro, cruzando un jardín asilvestrado en donde convivían plantas diversas con tupidos setos de tuya y altos árboles de flores de olor dulzón y penetrante, eran árboles del paraíso y mimosas, estas últimas florecían a finales de invierno, regalándonos sus esponjosas flores amarillas con las que componíamos llamativos ramos para adornar las salas de lectura...

La biblioteca crecía, cada vez venían más personas a ella y cada vez había más niños ayudando por las tardes, incluso hubo que organizar turnos. 

En donde tocan muchas manos, ya se sabe, las cosas se trastocan, libros que desaparecían misteriosamente para volver a aparecer a los tres días en su estantería; las tijeras, la regla, el pegamento, nada se encontraba en su sitio;por no hablar de los insólitos ruidos y de alguna que otra extraña visión. Todo era explicable, pero empezamos a echarle la culpa a los duendes y así comenzó todo, medio en broma, medio en serio, hasta que un día alguien dijo que los vio.

Yo no llegué a verlos nunca, pero hay una cosa cierta, si yo hubiera sido uno de ellos, no habría elegido los pequeños pisos colindantes como vivienda, me hubiese instalado bien ancha y a gusto en la vieja mansión. 
Los duendes aparecieron como respuesta a un anhelo de creer en lo extraordinario, y con el tiempo llegamos a presentarlos a los escolares que venían a conocer la biblioteca, así nació ka familia Biblos, los duendes que vivían en el desván. 

En el año 1999, tuvimos que abandonar la casa para trasladarnos a las nuevas instalaciones; se nos ocurrió, que podíamos hacer una cadena humana desde la antigua biblioteca a la nueva para transportar de mano en mano a los Biblos, irían dentro de un cofre junto con el libro más antiguo, pero luego las prisas de la inauguración no dieron lugar a ello. 
Puede que se trasladaran a la nueva biblioteca en el interior de alguna caja, como hicieron aquellos martinitos de la calle Francesa, o puede que no...

(Gómez Valera, 2014, p.243-244)

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