10 mar. 2017

Cosas de niños en un mundo adulto



En el último mes, los integrantes del Club de Lectura Los Rolirepa han experimentado un viaje literario con paradas en el  juicio final, el paraíso y el infierno a través de la mirada de Arcadio, el niño protagonista de Mientras tuvimos alas, la  segunda novela del escritor onubense Juan Cobos Wilkins que comentaron el pasado día 8 de marzo.
Toda una experiencia muy satisfactoria, de manera general,  para los asistentes al encuentro, quienes confesaron haber disfrutado con su lectura, a pesar de tratarse de un regalo  de la literatura envenenado. Ya que, por una parte, embelesa su prosa poética, con un estilo muy depurado y elegante, pero, por otra, resulta complejo el seguimiento del hilo argumental del libro al carecer, quizás, de éste, apostando por reflexiones inconexas y que nos llevan de una a otra parte.
Las historias de Arcadio no han dejado indiferentes a ‘Los Roli’, algunos de los cuales se han traslado a su infancia con la lectura de Mientras tuvimos alas, ya que, de la misma generación que el autor, se han identificado con las referencias a aquella época. Una alusión temporal muy curiosa, ya que no se dan fechas aparentes del momento en el que transcurre el relato, ese verano tan importante en la vida de este niño con un soplo en el corazón y los ojos de diferente color, pero lo contextualizas por importantes acontecimientos históricos. La llegada del hombre a la luna o la muerte del general Franco.
Juan Cobos ha logrado, siendo una tarea difícil, que el personaje de Arcadio se muestre como el niño que es entre las páginas de esta novela. No teniendo la sensación, como ocurre en la mayoría de libros protagonizados por menores, que parece que son adultos los que hablan por boca de los niños protagonistas. Es más, en la estructura de la novela, las historias o anécdotas de Arcadio van de uno a otro lado, como los pensamientos de un chico de su edad, a salto de mata.
Mientras tuvimos alas habla de esa etapa en la vida de un niño en la que parece tomar contacto, su primera experiencia, con el mundo adulto, con la vida real, a pesar de vivir entre algodones como hijo único en el seno de una familia acomodada. Una iniciación marcada, como no podía ser de otra forma por el deseo y la muerte, dos aspectos muy presentes en la vida del ser humano. Como lo es también la soledad, muy bien abordada en unos personajes, como se comentó en la reunión, que a pesar de no estarlos, en el sentido estricto de la palabra, parecían vivir en soledad.
Una sucesión de personajes muy bien marcados o definidos, muy peculiares, entre los que llamaron mucho la atención la figura del Padrino, por su ambigüedad, las tías abuela, por lo humorístico de sus perfiles, o, por ser tan enigmáticas,  la mujer contadora de olas y la prima Laura Llewelyn, desaparecida en su infancia de manera extraña.

Mientras tuvimos alas será uno de esos libros que, aunque en una primera lectura no calan  en profundidad,  dejan su huella en los que se sumergen en su lectura. Que no pasa desapercibido, aunque, al cerrarlo, tras la lectura, te queda la sensación de que sólo son cosas de niños en un mundo de adultos.

Fran Ricardo (coordinador)

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