9 jun. 2017

El club “Manantial” comenta “Rosa cándida” de Audur Ava Olafsdóttir



Ningún día es como cualquier otro, literalmente todo lo relativo a las labores paterna es nuevo para mí.”

En la última reunión del curso del club Manantial celebramos cumpleaños, fin de curso, llegada del verano y planes ilusionantes,  como el proyecto de Beli y Pepa, nuestras enfermeras, que recorrerán parte del camino de Santiago con mujeres que han padecido cáncer de mama.
El ambiente que se respiró en la reunión fue festivo, muy participativo y algo alborotado.
La novela comentada dio de sí mucho más de lo esperado y los temas tratados por esta autora islandesa resultaron mucho más cercanos a todos de lo que en principio creímos: embarazo no deseado, pérdidas de seres queridos, madurez personal, crianza de un bebé, toma de decisiones vitales, sexualidad, amor y enamoramiento. Todos los participantes del grupo se manejaron bien con estos ingredientes conocidos.

Inicialmente, nuestros expertos lectores analizaron la novela en sus aspectos formales calificándola como de lectura sencilla, escritura lineal y de temática un tanto intimista.
Luego pasamos directamente al tratamiento de los temas y al análisis de los personajes.

Nos centramos sobre todo en el protagonista y narrador, el joven de veintidós  años Arnljótur, quien decide abandonar su casa, a su hermano gemelo autista y a su octogenario padre para marchar a un monasterio en un país extranjero con el proyecto de rehabilitar una famosa rosaleda. Nuestro protagonista deja además atrás una hija, Flora Sol,  de pocos meses “fruto de un instante de estupidez” engendrada con la  amiga de una amigo a la que apenas conocía.
El detonante de esta drástica decisión es la reciente muerte de la madre en un accidente de coche.
Arnljótur narra en primera persona no sólo la acción que transcurre en el presente, también nos hace partícipes de sus recuerdos, de sus temores, dudas y deseos y todo ello nos hace empatizar con este personaje, comprenderlo, estimarlo  y en algunos casos arrojar sobre él una compasiva mirada maternal.

La madre muerta está presente como otro personaje más, casi omnipresente ya que tanto el protagonista como su padre  la recuerdan, practican sus recetas de cocina y procuran actuar según sus preceptos. Coincidimos todos en lo conmovedora que resultó la escena de ella muriéndose, tras el accidente, pero hablando con su hijo por teléfono intentando transmitirle normalidad al tiempo que se despide, entre líneas de él. No podemos pasar por alto el detalle de la dedicatoria que la autora hace a su madre. Tampoco el hecho de  en el siete de agosto Flora Sol naciese y fuese también la fecha del cumpleaños y muerte de la madre, “demasiadas casualidades son imposibles, quizá una pero no tres”.

Otro personaje que nos lleva al  debate es Anna, la madre de Flora Sol, quien decide tomarse un respiro en la crianza de su hija para dedicarse a estudiar y por ello va en busca de Arnljótur para que ejerza de padre y ella pueda dejarle la niña. ¿Es lícito que la madre de un bebé se tome unas vacaciones en la crianza? Posturas a favor y en contra se argumentan con pasión.
Es este hecho, la aparición de Anna con la niña, aproximadamente a la mitad de la novela, lo que da un giro a la historia de nuestro protagonista que se asoma a la paternidad como quien se asoma a un misterio, algo absolutamente desconocido.

Comentamos mucho acerca del cambio y evolución de nuestro protagonista, los lectores del grupo se implican, Curro, la única voz masculina esta tarde, comenta que el hecho de fuera una niña facilita las cosas,  las hijas despiertan una ternura especial en los padres. Valme confiesa que fue mamá muy joven y que su pareja. que también tenía veintidós años como nuestro protagonista,  demostró ser un padre ejemplar por lo que la relación entre el joven Arnljótur y su hija es absolutamente creíble.
Hablamos también de rosaledas, nos preguntamos en qué país se encontraba el monasterio de la historia y la famosa rosaleda.
Terminamos la reunión con las palabras que  Mª Elena había escrito en el cuaderno viajero y con su dibujo de la rosa cándida, esa flor que acompaña al protagonista en su viaje y que era el orgullo del invernadero de su madre.
Hemos cerrado curso con un libro que trata “de Cuerpo, muerte y rosas”, como dijo el padre Tomás, el libro de una autora islandesa.
La coordinadora del grupo  pasa el listado de libros que leeremos juntos en el próximo curso y el club, que a lo largo de tantos años de lectura juntos ha anudado lazos de amistad,  se muestra muy agradecido. Nos despedimos felices. La próxima reunión: el 19 de septiembre.




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