31 ene. 2018

El club Manantial comenta La habitación de Nona de Cristina Fernández Cubas




“La niña miraba el cuadro y se veía a sí misma dentro. Como un espejo”


Nos enfrentamos en esta fría tarde de la primera reunión  de este año a un libro que ofrece seis  inquietantes relatos, la frase que introduce este texto pertenece al  cuento titulado Interno con figura que hace alusión al cuadro pintado por   Adriano Cecioni en 1868.  En este relato la autora-narradora se encuentra admirando el cuadro en un museo, cuando unos escolares, acompañados de su profesora, se paran delante de la pintura y comentan en voz alta sus impresiones acerca de lo que le sucede a la niña que aparece en el mismo. Cada mirada da una interpretación diferente, pero una niña cuenta algo perturbador:  La niña del cuadro está escondida porque huye de sus padres que quieren matarla.
Al igual que en este relato, la profesora pide a los alumnos que interpreten el cuadro, en la reunión de esta tarde la coordinadora pide a cada miembro del club que exponga las interpretaciones de cada uno de los relatos, porque realmente es un libro que se presta mucho a que la perspectivas y las miradas de cada uno arrojen luz sobre estas historias.
Así comenzamos con La habitación de Nona, el relato más extenso y que, por cierto, podría ser ilustrado con el cuadro de Cecione que aparece en  la portada de esta edición. Un relato que da mucho juego y en el que todos los asistentes aportaron su granito de arena hablando de: celos, envidias, enfermedades mentales, amigos invisibles, desdoble de personalidad y experiencias personales de la niñez.
En  Hablar con viejas, encontramos el tono de los cuentos que contaban a los niños antaño, como cuando Hansel y Gretel son engañados por la bruja que los lleva a una casita de chocolate para luego encerrarlos en una jaula. - Tal vez sea el cuento que me ha producido  más miedo,  porque la mente puede llegar a imaginar cosas terribles acerca de estos seres extraños que secuestran personas y las torturan lentamente- comentaba María Elena.
El final de Barbro,  es un relato que dio mucho de sí en la reunión. Está escrito desde la perspectiva de unas hijas que se sienten desposeídas de un padre quien tras muchos años de viudedad, haberlas criado y esperar que tuviesen sus trabajos, decide emprender una relación amorosa.  Superficialmente la madrastra parece odiosa, luego fuimos observando matices, escuchamos la valiosa visión masculina de Curro con toda su experiencia vital y se llegaron a otras conclusiones muy diferentes a las inicialmente adoptadas.
 La nueva vida fue comentado de manera emotiva por Isabel, en este relato la narradora se aloja en un hotel de Madrid y al salir del mismo da un salto en el tiempo que la transporta a su juventud, Isabel también nos confiesa que a ella también le gustaría poder dar ese salto. Es un relato en el que nos invade la ternura y la nostalgia. – Buscó un punto de apoyo para no caer. Él estaba allí. Alto, delgado… Tan joven como en la época en la que se conocieron-
El libro termina con un relato de pérdida de inocencia, tal vez de iniciación,  de dos adolescentes que pasan las vacaciones con su tío Tristán quién les da a conocer las historias de la tribu de los Wasi-Wano.
Todos coincidimos en que estas historias de Cristina Fernández Cubas, que hemos compartido, están pobladas de seres singulares, de un cierto aire misterioso y que nos ofrecen la posibilidad de situarnos en distintos puntos de vista.  Cómo hicieron  los niños delante del cuadro, así nosotros nos hemos colocado ante estos relatos, resultando sumamente curiosa y enriquecedora la posibilidad de compartir todas las opiniones y conclusiones.
El próximo libro a comentar en el club: Charlotte de David Foenkinos. La reunión el 13 de febrero.

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