8 ene. 2016

El club Zenobia comenta...


De nuevo abordamos una novela en la que el narrador es un niño, ya hemos tenido varias experiencias de narradores infantiles en “El palomo cojo”, “La ladrona de libros” “Paraíso inhabitado” “El niño del pijama de rayas”, en estos casos  siempre ha surgido la polémica acerca de si se trata de un narrador creíble o no desde el punto de vista del lenguaje utilizado y de los planteamientos, reflexiones y comportamiento en la historia.
En esta novela nuestro protagonista y narrador  es Jamie, un niño de diez años que marcha con su padre, su hermana y su gato a vivir a las afueras de Londres. Han pasado cinco años desde la muerte de su hermana Rose, la gemela de Jasmine, en un atentado terrorista islámico en Londres. Sus padres no han conseguido superar el dolor y se han separado.
Los lectores de este grupo consideran que el narrador es muy creíble ya que siente y se expresa como un niño, algunas abuelas del grupo comentan que la narración les ha hecho pensar en sus nietos.
Pero si todos consideran que Jamie es un personaje convincente, no sucede lo mismo con la madre, ese personaje que sólo aparece al final y que sin embargo se encuentra tan presente en toda la novela, es el fantasma al que vuelan los recuerdos y las esperanzas de Jamie, un niño abandonado. Precisamente es el abandono la cuestión en la que se centra el debate sobre el personaje de la madre pues algunas lectoras consideran que es imposible que una madre pueda tener un comportamiento así.
Una vez más la realidad acaba imponiéndose cuando se comparten experiencias de casos de abandonos cercanos y conocidos,  y se concluye con la reflexión de que no todas las mujeres están dispuestas a asumir los sacrificios de la maternidad y algunas se equivocan al decidir tener hijos.
Coincidimos casi todos en que el mensaje positivo que nos deja el libro es el de saber decir adiós y asumir las pérdidas, tal vez sea el personaje del padre el que más se aferre al recuerdo de esa hija muerta y se niegue el disfrute del presente, por ello lleva posponiendo cinco años el esparcimiento de las cenizas de su hija que reposan sobre la chimenea.
El libro también habla de madurez y desarrollo personal, siendo Jasmine la que representa más que ninguno estos valores pues se ve obligada a hacer de madre de su hermano pequeño y a cuidarlo y protegerlo.
El racismo es otro tema latente y en este caso va vinculado a la amenaza del mundo islámico, precisamente ahora, a pocos días de los atentados de París, este tema está de plena actualidad de nuevo. Se pone en evidencia la ignorancia como aliada del miedo, el personaje de la niña Sonja sufre las consecuencias de ello en el acoso escolar y el desprecio que viene sufriendo por ser musulmana.
Por último hay que hablar también de Roger, el gato, el mejor amigo del niño y el único que permanece fiel a todos en la casa y aparentemente ajeno al dolor que los envuelve. Su muerte servirá, entre otras cosas,  para que Jamie pueda llorar por fin.

Carmen Gómez (coordinadora)


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